Posted by : Dani López 23 mayo 2006

(Son dos capítulos que empecé a escribir de una especie de mezcla entre obra de teatro en primera persona y novela dialogada... algo raro, vamos. Voy a ver si poniendo algunas cosas de las que tengo escritas a medias aquí, me entran ganas de continuarlas. En concreto empiezo con esta que es ligera y humorística, para que entre bien, aunque espero que no sea muy confusa)

Capítulo I: Estoy loco por el tenis

-Y le dije: “Vaya, pues se puede meter el puto empleo por donde le quepa”, y me marché.

-¿Eso hiciste?

-No se os parece un poco a…

-Eso hice.

-Y te marchaste.

-Me marché.

-Oye, mirad esto, no os recuerda a…

-Joder, tío, ¡qué fuerte!, yo nunca me hubiera atrevido a decir eso…

-Es que tú no tienes mi carisma, mi personalidad, mi…

En ese momento entró mi mujer por la puerta y toda mi leyenda se arrastró delicadamente por el fango de la verdad.

-No, si ya sabía yo que te encontraría aquí… ¡Golfo, sinvergüenza, pedazo de…!

-Tranquila, cariño, es que me olvidé el otro día aquí mi… mi… mi raqueta de tenis.

-¡Pero si tú no tienes raqueta de tenis!

Como mi coartada se tambaleaba tuve que continuar apelando a la épica de la improvisación, ese arte que tan pocos frutos me suele dar.

-Bueno, si no la has visto nunca, es porque se me olvidó aquí el otro día…

-¿Y la has tenido aquí los últimos, digamos, 5 años, mi amor?

-Sí, eso es… es que, es que, como normalmente vamos toda la panda a jugar al tenis juntos… juntos, pues la dejo aquí, ya sabes, para que…

-¿Para que no ocupe sitio en casa?

-¡Eso!, para que no ocupe sitio en casa… no te quiero volver loca con mis trastos, ya sabes…

-Ya sé, y ¿dónde está la raqueta, cariño?

-Debe estar por ahí, detrás del mostrador, ¿verdad? …

-…¡Ah!, sí, espera, creo que la dejé en la trastienda… por aquí debe de estar, debería estar, vamos…

Mientras Antonio removía cacharros haciendo como si buscaba mi raqueta, o más bien, haciendo como si fuera a encontrar una raqueta, Raquel seguía mirándome, irónica y cruel, esperando que mi proyecto de héroe se sacara de la manga una raqueta de tenis o, por lo menos, una excusa por la que las ganas de destrozarme la cabeza no se hicieran cada vez mayores. Bueno, eso, es lo que esperaba yo.

-¿La has encontrado?

-Estoy en ello, estoy en ello… debería estar por aquí… debería estar por aquí…

-Lo que os decía antes a Antonio y a ti, no se os parece mucho esto a…

-¡Aquí está!, aquí está, sí señor…

-¿Aquí está? … quiero decir, ¡allí está!, por supuesto, donde la dejé el otro día…

-Tu raqueta, tuya…

-Sí, mía, mi (y digo mi, que quede bien claro) raqueta…

En ese momento, el incesante zumbido al que no había hecho mucho caso hasta entonces, José, se hizo con la primera plana del periódico de mis prioridades.

-No se os parece mucho a… ¡eh!, ¿qué haces tú con mi raqueta, Antonio?

-¿Tú raqueta? … idiota, no ves que… ¡OH!, qué tonto soy, pero si es la tuya José (capullo) y no la de Carlos… es que son tan parecidas que…

-Que incluso yo pensaba que era la mía, jeje, qué despiste…

-Pero, Carlos, si la has tenido a medio metro, ¿cómo no te has dado cuenta?

-Ya sabes, es que yo sin gafas… ni tres en un burro.

-Sí que es verdad que el oculista te dijo que fueras con ellas por la calle…

-Ya, pero es que son muy incómodas y, además…

Raquel se volvió hacia José y empezó a contarle mis problemas con las lentillas, lo cual me dio la oportunidad para meterme detrás del mostrador y buscar una solución rápida.

-Claro, además no se quiere poner lentillas porque, ya te lo habrá contado alguna vez a ti, le dan una alergia terrible, se le ponen los ojos como tomates…

-Algo me ha comentado, sí…

Mientras, yo seguía comiéndome las uñas más que nada, intentado salvar mi vida. Bueno, es un decir, hasta cierto punto, que ya se sabe que, una mujer enfadada, puede ser una cosa muy peligrosa.

-Antonio, ¿hay algo más por ahí detrás que pueda valer de raqueta?

-No, no veo nada, pero podrías…

-Ya veo por dónde vas…

Y salí feliz y sonriente con una prisa terrible de ir a casa cuando me había pasado en aquel lugar más de dos horas.

-Bueno, cariño, vamos a casa, ya he encontrado mi raqueta.

-Bien, ¿dónde está?

-La he dejado por ahí, ya vendré a por ella cuando le necesite, si se ha pasado aquí tanto tiempo puede pasarse un rato más, ¿no?

-Sí, pero…

-Nada, nada, vamos a casa, que estoy matado…


Capítulo II: Problemas maritales

-Y le dije: “Vaya, pues se puede meter el puto empleo por donde le quepa”, y me marché.

-¿Eso hiciste?

-Eso hice.

-Y te marchaste.

-Me marché.

-Eres tonto Carlos, hijo.

-Es que tú no tienes mi… ¿cómo?

-Que eres tonto, ¿en qué vas a trabajar ahora?, ¿cómo vamos a pagar las facturas? …

-Ya pensaré en algo, Raquel, ten en cuenta mi carisma, mi personalidad, mi…

-Que eres tonto, no puedo creerlo, ya me dijo mi padre que…

-Ah no, no saques a tu padre en esto, no quiero ni oír hablar de él.

-Me da lo mismo, ¡esta es la gota que colma el vaso! …

En ese momento me di cuenta de que no estaba yendo muy bien la cosa, de que, probablemente, estaba conduciendo mi relación hacia un pozo del que no iban a poderlo sacar ni las caricias ni las promesas.

-Raquel, cariño…

-Ni cariño, ni nada, déjame…

-Pero mujer, no seas así, verás como todo va a ir…

-Cuesta abajo, así va a ir, es que mi padre tenía razón, eres un holgazán, un cabezota, un…

-Sí, sí, sí, si tienes razón, mi amor, es que no tengo remedio, pero verás como todo va a ir bien… ven aquí, anda…

Entonces se acercó a mí y empezó a mojar mi camisa con su tristeza, lo cual podía ser una mejora, porque, por lo menos, se había dignado a tocarme.

-No llores, pequeña, venga, que todo saldrá bien (soy un canalla)…

-Si yo te quiero…

-Si ya lo sé, tranquila…

-Pero es que estoy muy estresada, en el trabajo no hacen más que pisarme las ideas, no sé que hacer… y vienes tú, sin trabajo… y qué vamos a hacer ahora… no quiero ser una mendiga, no quiero que nos quedemos sin nada…

-Eh, eh, eh, eh, no te preocupes por nada, no seas así, que todo va salir bien, encontraré trabajo enseguida, me deben un par de favores por ahí…

La verdad es que no era exactamente así. La verdad es que lo que pasaba es que conocía gente que podía dejarme hacer algunas chapuzas para capear el temporal. Bueno, eso era lo que pensaba.

-Si tú lo dices…

-Verás como todo va a ir bien, te lo digo yo, ¿acaso te he mentido yo alguna vez?

Aunque era una pregunta retórica encontré la frontal oposición de Raquel ante mi pregunta, es decir, una respuesta, cosa que no esperaba.

-Hombre, la verdad es que sí.

-¿Yo?, ¿cuándo?, nada más lejos de la realidad…

-No muy lejos de la realidad, la verdad, esta tarde, por ejemplo.

-¿Esta tarde?

-No, si después de tanto tiempo, aún me querrás mentir tan descaradamente, no tienes perdón… ¿o es que te crees que no sé todas las veces que vas a ese cuchitril en vez a ver a tu madre?

-Yo…

-Pero no importa, te doy la oportunidad de resarcirte: encuentra trabajo y no vuelvas a mentirme nunca más y todo irá bien.

-No, si eso pensaba hacer…

-¿También lo de dejar de mentir?

Esta es de ese tipo de preguntas a las que uno no tiene que responder, mirar hacia el suelo o hacer cualquier cosa menos hablar. Pero yo no lo sabía.

-Sí…

-¿O sea que admites haberlo hecho?

-Sí, digo… no, yo he mentido nunca, pero no lo volveré a hacer, es decir… no lo haré nunca más, vamos… que voy a seguir sin mentir, como siempre, ya sabes…

-Ya sé.

-Bueno, me… voy a buscar, a buscar un trabajo.

Salí por la puerta de casa con la cara pálida y cerrando la puerta a mis espaldas no mejoró mi aspecto. Me quedé un momento parado y cogí el ascensor. Allí estaba el vecino de arriba.

-Hola.

-Hola.

-Menudo tiempo que hace, ¿eh?, no podía hacer más calor.

-Desde luego, desde luego.

-Vaya cara tiene, ¿se encuentra bien?

-Sí, sí, no pasa nada.

-¿Problemas con la parienta?

-No, yo… que va…

-A mí me pasó una vez con mi Maribel, menuda es, que se enfadó una vez porque puse a grabar el programa que la gustaba en el canal que no era, que no debía ser el Equipo A y se enfadó un montón conmigo… que si no sé nada de ella, que si después de tanto tiempo… ¿sabe que es eso del Equipo A?

-Sí, creo que sí…

El ascensor se abrió y yo me creía salvado, pero ese hombre era más pesado que un discurso del rey y me agarró del brazo mientras estábamos en la puerta del portal.

-Pues ese le grabé y quería que le grabara no sé qué de la cocina de no sé quién…

-Oiga, perdone, pero tengo prisa, si no le importa…

-Bueno, bueno, no se ponga así, ya verá como lo soluciona todo con la mujer, que no les dura nada el enfado a esas.

-Le repito que no… vale, vale, seguro que no dura nada.

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