Posted by : Unknown 07 julio 2011

Hay series que muchas veces nos recuerdan que se pueden hacer series de gran calidad y que cuidan los detalles en las cadenas en abierto, que no es necesario que te dejen decir fuck para hablar de temas adultos y que la mitad de las veces, la gente que se sienta en los USA a ver este tipo de series, no está buscando eso en esos canales. Hoy os hablo brevemente de dos series. De una ya hablé con motivo de su primera temporada, y por una cosa o por otra no he escrito sobre la segunda. De la otra no he hablado, porque tenía pendiente terminarla y, ahora que lo he hecho, es hora. Además, vaya, ambas tienen cosas en común, así que juntarlas es apropiado: calidad, Chicago y corrupción política.


- The Chicago Code, Temporada 1 (temporada única):

Creo que cualquiera que conozca un poco el trabajo de Shawn Ryan sabrá qué tipo de cosas le interesa contar o, incluso, producir. En este caso, el trabajo policial, la corrupción política y la burocracia vuelven directamente desde su obra más reconocida, la magistral The Shield, aunque esta vez a las calles de Chicago, centrándose en la nueva jefa de policía que tiene una cruzada personal, acabar con una de las tradiciones de la conocida ciudad norteamericana: la corrupción política.

TCC es sin duda una serie de gran calidad que funciona bien a varios niveles. Primero funciona porque navega en los grises de la vida real, en donde nada es tan sencillo ni tan fácil de conseguir, donde no todo es bueno o malo. Ésa falta de cierto maniqueísmo ayuda especialmente a conseguir que la serie funcione porque, ni la policía es un lugar donde estén exentos de manzanas podridas, ni en el mundo de la política "el malo" es completamente malo o, vamos, no hace sólo cosas malas (sea su verdadero deseo o no, hasta el político más sucio desempeña un gran trabajo para su comunidad). Segundo porque todos personajes se impregnan de ese mismo aroma y, además, nos permiten vistazos a su vida más allá de su trabajo y a su verdadero ser: ya sea policías de a pie, veteranos o novatos, policías encubiertos, jefes o simples chupatintas. Después funciona porque el puzzle de lealtades, favores, política, apariencias y bolsillos en los que meterse está diseñado con cuidado y con pasión. Es cierto que, al cancelarse la serie después de sólo 13 episodios, al final se atisba algo de precipitación por dejar las cosas (medio)resueltas para el espectador, pero la verdad es que no es algo que perjudique a los últimos episodios para nada: todo está llevado con habilidad y la sensación final en vez de ser de prisa, es de emoción y ritmo.
Todo ello, al mismo tiempo, consigue venderse al espectador con un grupo de actores que, en general, están prácticamente perfectos en sus papeles. Se me ocurre que los más jóvenes no llegan al gran trabajo de sus mayores, pero bueno, todo raya a un gran nivel.

Al final, pese a que semana a semana había casos individuales, el público no ha debido responder y la FOX (que ya sabemos cómo se las gasta) ha cancelado la serie. Personalmente me quedo con la sensación de que no ha sido por el hecho de que la trama que recorre toda la serie requiera al espectador un gran esfuerzo de seguimiento, sino el hecho de que, en muchas cosas, la serie retrata las miserias de los USA, y eso no le gusta al espectador de network, por triste que sea. O quizá es que la gente cree que se ha pasado de moda la voz interior de los protagonistas como narrador, qué sé yo (que conste que, contra todo pronóstico, a mí me ha parecido perfectamente pertinente). La serie estaba bien definida en su género, muy bien contada, actuada y creaba un tapiz de horrores terrenales digno de ver. Quizá no una obra maestra atemporal, pero una gran serie con mimbres para ser mejor aún, sí es, y una que, si es que ése era el plan inicial, se merecía una temporada más larga. Bueno, mirándolo por el lado positivo, seguro que más gente se anima a verla ahora que sabe que son 13 capítulos y ya (por cierto que el final, es final, pero un final que admite perfectamente continuación, una pena).


- The Good Wife, Temporada 2:

La serie de los gestos, donde una imagen vale más que mil palabras, perfeccionó su arte en una segunda temporada claramente superior a la primera, que ya fue excelente. Quizá sí es cierto que los casos se vuelven menos relevantes pese a que siguen hablando muy claramente del resto de cosas que pasan... o quizá por ser demasiado claros. Pero en cualquier caso, las intrigas del bufete, las políticas y los sentimientos toman el mando de la temporada. Repetiré que, para mí, los casos son lo que hacen que esta serie siga adelante con tanto éxito, porque sin ellos los episodios no quedarían tan perfectamente atados y ligados, por no hablar de que realmente despliegan una admirable variedad en temática, resolución y dificultades (me quedo con las segundas que, una vez más, nos remiten a un mundo como el nuestro, donde nada es perfecto).

Podría hablar de muchas más cosas, de muchos más detalles, de personajes y de tramas, porque creo que todo ha sido sublime, como poco, pero como igual ya estáis un poco cansados de leer sobre ello, dejaré que la serie de abogados de Chicago os desvele otra de sus facetas a través de mi mirada: adoro la continuidad de la serie. Probablemente esto no sea algo que se destaque habitualmente, y menos de una serie que tienen tanto y tanto de lo que presumir, pero es uno de los elementos que a mí consiguen terminar de ganarme, por dos razones (y ahora explico a qué me refiero): aumenta el factor de enganche y aumenta la sensación de microcosmos donde todo tiene que ver con todo. Con la continuidad en la serie (y seguro que hay una forma más correcta de llamarlo, porque ese término, por lo menos en el mundo de los cómics, no se refiere a lo mismo que aquí intento expresar) me refiero a la recurrencia de tramas y personajes en la serie, la sensación de que el funcionamiento del mundo que nos muestra la serie es similar al que tenemos donde vivimos. Ejemplos claros son la aparición de los mismos jueces y abogados en diversas ocasiones (y genial el cómo se va jugando y haciendo evolucionar las relaciones con esos personajes), como personajes que están por ahí y que pueden volver a cruzarse en el camino de los protagonistas en cualquier momento, o la presencia de temas, casos y argumentos de forma latente (o incluso en un segundo plano), como cuando los personajes se tiran 15 episodios nombrando un cliente y de repente aparece y piensas, "ah, es del caso ése en el que andan liados". Al final, supongo, os puede parecer algo bastante intrascendente, especialmente en comparación con las demás cosas que da la serie pero, ya que me ponía a hablar de ella otra vez, no quería repetirme demasiado.

Y es que esta segunda temporada, in my opinion, supera en todo a la anterior y perfecciona una forma de hacer televisión... y, engancha mucho más aún, nos hace estar interesados más aún en las tramas y nos hace adorar u odiar, depende, más a los personajes. No creo que haga falta decirlo, pero totalmente recomendada no es, es obligada.

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